martes, 22 de septiembre de 2015

Transcripciones

A pesar de que en la barra lateral del blog pone que estoy trabajando en algo llamado «Embering», la realidad es que nunca en mi vida he estado trabajando sólo en un proyecto a la vez. El poco tiempo libre que dedico a escribir lo parto entre dos proyectos, uno de ellos es un encargo de un amigo.

Este amigo grabó conversaciones con su abuelo sobre su vida, sus anécdotas de juventud, historias familiares y demás. Después me dijo que quería que le novelizara todo lo que había grabado. No vamos a entrar en lo satisfactorio que resulta que alguien confíe en ti para realizar una tarea tan personal, o el tiempo que pasas de auténtico voyeur en la vida de la familia de un amigo, quiero hablar de lo que realmente implica un trabajo de estas características.

Gran parte del trabajo pesado es la documentación, el escuchar varias veces todas las grabaciones e ir tomando notas de las partes que crees que quedarían mejor en la narración. Separar esas notas y grabaciones en áreas temáticas ya va al gusto del consumidor. Es un trabajo interesante en el sentido estricto del oficio, ya que como escritor amateur nunca he tomado notas mientras me documentaba -excepto en contadas ocasiones-, no al menos a este nivel. 



Al principio comencé ya no transcribiendo las conversaciones, sino casi reinterpretando lo que se decía. Entendí enseguida que si quería que la novelización tuviera un potente aire de autenticidad debía cambiar el chip, debía transcribir realmente lo que se decía. Cuando empecé a hacerlo el texto cobró una vida impresionante, donde las palabras que se decían eran prácticamente las mismas que se leían y al ser un trabajo tan personal, casi podías escuchar las voces de los implicados mientras leías los textos, o ver sus gestos.

Supongo que si alguno de vosotros se ha metido alguna vez en este tipo de trabajos ya sabrá qué voy a decir: los adornos literarios. Transcribir en general un texto no es un trabajo demasiado artístico, es más que nada mecánico y repetitivo. Pero el trabajo de adornar y que quede adecuado al texto también requiere de un tipo de oficio que no sólo implica el imaginar cómo sería, sino el tener la certeza de que eso ocurriría de esa manera si se diese la situación. Es un ejercicio de abstracción que puede salir bien o muy mal, debes conseguir coger el tono y la dinámica de la situación que una simple transcripción no te da. Es muy interesante y es un reto que nunca me planteé y que poco a poco va llenando mis momentos de escribir con las anécdotas y los vaivenes de la vida de Honorio y compañía. 

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