viernes, 13 de diciembre de 2013

La banalización del saber (I)

Si no te has leído Las Flores del Mal de Baudelaire no eres nadie.

Palabras textuales. La autoproclamada subcultura moderna (sí, hablo de los hipsters) o como narices se quieran llamar a sí mismos ha destrozado gran parte de la belleza de la cultura. Son consumidores, roedores que agradecen cada migaja que les lanzan desde arriba. Porque sí, hay un arriba, hay un núcleo poderoso en lo alto que se parte el culo de risa al ver que las gafas que ellos llevaban hace veinte o treinta años ahora se venden como si fuera la novedad más jugosa del mundo, se parten el culo cuando ven que el autor ese por el que habían apostado lo peta en las listas de más vendidos cuando todo el mundo sabe que si no fuera por el corrector, ese libro y ese autor no serían nadie.

Se parten el culo de risa de todos vosotros.

Sí, puede que de mí también, pero al menos lo sé. ¿Vosotros lo sabéis? Y es que la banalización del saber por el poder del dinero ha sido quizás la pérdida más grande de la humanidad en el último siglo. Puede que incluso más grande que la pérdida de intimidad o de algunos derechos de los ciudadanos. Es terrible ver cómo se supone que si no has leído o visto tal o cual cosa del cánon preestablecido, no eres nadie, o peor, eres blanco digno de las burlas, las chanzas y las miradas por encima del hombro.

La cultura y los bienes culturales, tanto literarios como de otros tipos, siempre se han asociado con las mentes preclaras de cada generación. Al igual que a un científico no se le va a premiar más por vestir mejor o por tener el mejor equipo de márketing, no veo el porqué debe ser así con la cuestión literaria o el mundo puramente cultural del arte. 

Ojo, me parece fantástico que cada cual se busque las abichuelas donde pueda, pero seamos honestos con nosotros mismos. Si tú no vales pues no vales y a otra cosa mariposa. Está muy bien lo de intentarlo y tal, pero no debes cambiar el mercado y la mentalidad de la gente para acoplarlo a tu forma de vender o de comprar. Diría que eso es lo que está pasando y ha pasado en las últimas décadas. Se vende la idea del escritor, la idea del libro y la idea de la saga... pero hay pocos escritores de verdad, pocos libros de calidad y pocas sagas que merezcan la pena. ¿Y todo por qué? Pues volvamos a los señores de arriba que tanto han destrozado el concepto de cultura... pero volvamos con otro post, que por hoy ya es suficiente.  

lunes, 2 de diciembre de 2013

Capítulo 7

Aquí voy con otro pedazo de algo que he escrito. Se trata de un trocito del Capítulo 7 de la obra Chailís Dé en la que llevo enfrascado ya bastante tiempo. 

En la quietud del bosque se podían escuchar los sonidos que salían de la ciudad: llantos de niños y gritos de hombres. El olor de la carne quemada se alzaba lentamente hacia el cielo nocturno, no perdían el tiempo, aquello estaba bien. Miró hacia el norte. Probablemente el Pastor no haría ningún movimiento durante el resto de la noche... quizás sería un buen momento para enfrentarse con él y purgar el mal que sembrara por la Tierra. Recordó el último encuentro, cada día que pasaba Nil era más fuerte y el Pastor más débil.
Descartó la idea. No era él el que estaba predestinado a dar el golpe mortal al Pastor. Era alguien distinto, alguien al que había visto una vez en sueños portando una armadura roja carmesí y un escudo con una forma extraña, como de ala de murciélago.