lunes, 25 de noviembre de 2013

La explicación necesaria

Me voy, un tiempo al menos. Pero esta vez he conseguido dejar las cosas arregladas, la casa limpia y ventilada y todas las persianas bajadas. Quiero decir, si todo sale como lo tengo previsto me he dejado unos cuantos posts para solamente tener que darle a publicar al principio de cada semana.

Ya sé que algunos os habréis dado cuenta, pero los últimos tiempos he ido publicando un post en cada uno de mis blogs cada semana, cosa que me ha ido llenando de bastante orgullo, para qué negarlo. Así que este es el post salvavidas de esta semana, un post doble en el que os digo que la semana que viene, a pesar de estar reuniéndome conmigo mismo en las montañas, tendréis una reflexión literaria y otra política. 



Sí, algún día debería focalizar mis intereses y acabar fusionando los dos blogs, pero ya me gusta así, soy una persona ordenada a la que le gusta tener cada cosa en su sitio y un poco de mí en cada parte del todo. Así que creo que por el momento, al menos hasta que me haga famoso y consiga dinero para que alguien me haga una web como dios manda (cuando tenga algo que enseñar realmente) esto tendrá que valer

Me marcho por temas personales que a nadie más que a mí y a los míos incumben, pero volveré, en un mesecillo o así. Como todos sois un poco parte de "los míos", al menos los que leéis estas páginas del exilio y estas bromas pesadas de la realidad, me veo en la obligación de despedirme como dios manda. No hasta dentro de un mes, que será cuando esté delante de este teclado negro otra vez, sino hasta la semana que viene, en la que tendréis otra ración de irritación y flirteo literario. 

Paz

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El dilema de los clásicos

El otro día hablaba con un amigo sobre el tema de los clásicos. Como dije en otro post, tengo algo atravesada la lectura de la Montaña Mágica, es lo que hay, y estábamos hablando sobre por qué narices nos da por leer este tipo de libros. No nos engañemos, clásicos contemporáneos buenos haberlos haylos, pero cuestan. Los seres humanos somos mucho de imponernos retos, sobretodo la gente que leemos, y todos y cada uno de nosotros tenemos aquellos libros olvidados que sabes que quieres leer por el simple placer de haberlo conseguido. 

Cuando empecé a trabajar en una librería, mi idea loca era comprarme un libro de cada sección y así leer un poco de todo. De todas las secciones siempre tenía algo que podía apetecerme, excepto de la novela romántica. Así que fui a hablar con una compañera y ella estaba pensando en hacer algo similar, así que, como yo no tenía ni idea de novela romántica, le pedí consejo. Ella no se había leído el libro que se iba a comprar pero era como un gran clásico... La Bella del Señor de Albert Cohen. Sobra decir que no me gustó en absoluto, es más, aborrecí el libro, tanto que luego tuve que leerme del tirón los cinco de la Saga de Pendragon del señor Lawhead para quitarme el olor a rosas de encima.

Y es que a veces sobrevaloramos un poco los clásicos. Ojo, yo como el que más. Depende bastante de cómo te tomes la afición de leer, si en un momento dado se convierte en una obligación o en una forma de crecer espiritual o mentalmente, entonces los clásicos se presentan ante ti como una necesidad. Si lo que quieres es disfrutar de la lectura, yo soy de los que opinan que debes leer lo que te apetezca cuando te apetezca. Siempre puedes ir a recomendaciones clásicas de amigos, familia o gente que tenga gustos parecidos.

Siempre recordaré el caso Moby Dick. Tenía unas ganas de leermelo que vamos, una locura. Además en unas clases que estaba dando en la universidad sobre análisis literario analizamos la obra y mis ansias crecieron exponencialmente. Esas ganas y esa necesidad duraron más o menos hasta que me leí las cincuenta primeras páginas de ese gigantesco catálogo de caza de ballenas. Me lo acabé y valió la pena por las cien páginas del final, pero el resto es bastante aburrido y monótono.



¿Qué quiero decir con esto? ¿Yo? Nada, o prácticamente nada, al final cada uno hará y pensará lo que quiera. Yo me seguiré forzando a leer libros que no me gustan porque son el canon y muchos de vosotros lo haréis o no, pero seguiréis haciendo lo mismo que hacíais. Lo importante es que sigamos leyendo, cueste lo que cueste y pese a quien pese.

lunes, 11 de noviembre de 2013

De la primera idea a la definitiva

Hace un tiempo os hablé de la inspiración, que normalmente llega de forma caótica e impredecible y todas esas milongas. Es verdad a medias, como muchos de vosotros sabréis. A veces tienes que buscar dentro de ti a conciencia, hurgar en las manías, filias y fobias de tu alma y sacar a relucir el concepto que quieres desarrollar. A veces es un tiempo oscuro, un túnel, en el que nada ves y en el que sólo quieres llegar al final. Otras, sin embargo, es un valiente y bucólico paseo hacia las dunas de la imaginación. A veces no es nada de todo eso.

Como dije en el post citado arriba, a veces la documentación ayuda a la invención, pero otra de las fórmulas que funcionan es la de crear momentos y narrarlos; me explico. Siempre hay ideas que surgen por algo, quizás un personaje con una característica extraña, un paisaje desolado o la conversación de dos amantes. En tu mente se desarrolla esa escena, alguien toma de la mano a alguien y luego lo apuñala, las dunas del desierto son mecidas por el viento y rebelan así una ciudad en ruinas, los amantes discuten. Son semillas, pequeños datos que cimentarán tu historia. Pero ¿por qué no narrarlos? 



Coge boli y papel y adelante. Escribe qué narices pasa o la descripción del tío de la cicatriz, cuéntalo tal como sucede en tu mente, intenta estrujarte el cerebro para encontrar las palabras exactas que definen lo que estás viendo en tu mente o lo que está sintiendo tu corazón. Después tómate algo, descansa y piensa cómo va a encajar todo eso en tu idea principal. El tener algo pensado y escrito, aunque sea tangencial, aunque sólo te describa el ambiente o un personaje secundario, te dará ideas, te dará alas.

Hay que darle vueltas a las pequeñas ideas no definitivas que te asaltan habitualmente y fusionarlas en el todo mayor. Poco a poco la primera idea será acompañada por una segunda, una tercera y una cuarta, para que al final todas se vayan moviendo hacia la idea original, como atraídas por un poderoso imán.

Así, contando una pequeña historia, la primera pequeña historia, podemos conseguir que las demás fluyan con más facilidad. Además, estaremos narrando algo y eso siempre es un buen ejercicio. 


miércoles, 6 de noviembre de 2013

El Pacto de los Lobos de Dorothy Hearst

Título: El Pacto de los Lobos (Las Crónicas del Lobo I)
Autora: Dorothy Hearst
Editorial: El Andén
Año de publicación: 2008/2008
Precio: 5.95€ 
Sinopsis: trata de la historia de los lobos del Gran Valle y concretamente de Kaala, una lobata recién nacida que tiene una gran misión en la vida. Además de observar en primera persona la vida dentro de una manada de lobos, asistimos a la creación de una simple pero interesante cosmología en la cual humanos y lobos tienen un papel importante que jugar juntos... o separados para siempre.
Ambiente: a todo aquel que le guste la vida natural esta novela le encantará, pero peca de gran simplicidad a la hora de narrar y crear el substrato para la historia. Aún así las carreras por el bosque, las cazas, la jerarquía dentro de la manada, etc., le imponen un ritmo interesante, aunque no intenso. 
Lo mejor: el motivo por el que me compré la novela en un principio, está protagonizada por lobos. Me apetecía ver cómo narices hacía la autora para hacerlos merecedores de nuestro interés. Lo consigue a medias, no deja de ser una novela con un toque juvenil muy pronunciado y eso se agradece si buscas algo para pasar el rato, sino... malament. 
Lo peor: me parece que hay tres partes pero con la primera me he quedado bastante ahíto de cacerías, peleas por la supremacía en la manada y todas esas cosas. Mira que soy fan de todo lo lobuno pero la trama profunda que hay detrás de la trama general no consigue engancharte lo suficiente para acabar obviando lo demás. Una novela para pasar el rato como cualquier otra, pero con lobos.